¿Por qué un ex activista de lucha contra el antisemitismo durante dos décadas se alinea ahora, ideológicamente, con los mismos medios a los que él criticaba hasta el año pasado?
¿A cuál de los patrones respondería… a aquél que cruza las líneas de la derecha a la izquierda (o viceversa) por convicción ideológica desinteresada o a la de una veleta política y oportunista?
En Israel circula un dicho atribuido al legendario Moshé Dayán: «Solo un burro no cambia de opinión». La frase se hizo famosa cuando, tras oponerse rotundamente a devolver el Sinaí a Egipto, Dayán terminó refrendando el acuerdo de paz con Menahem Begin entre 1977 y 1979. Su rechazo inicial quedó inmortalizado en el eslogan: «Mejor Sharm el Shej sin paz que paz sin Sharm el Shej».
Los políticos israelíes se han justificado muchas veces con esa máxima, como si el público los viera más inteligentes por cambiar según soplen los vientos. En yidish se popularizó la respuesta «hot er gezogt» (pues lo dijo, ¿y qué?), hoy en hebreo «Nu, az amar». En español, lo más parecido: «Donde dije digo, digo Diego».
Traigo esta anécdota porque el caso de Federico Zukierman me ha recordado, y mucho, a esa máxima. Zukierman, miembro de la ong izquierdista JCall España (unas 25-30 personas por toda la península con las ideologías más dispares), ex director de sección en Radio Sefarad (emisora institucional de la FCJE), ex alto cargo de ACOM y hasta hace poco -desde la ong Guesher- monitor del antisemitismo y del antiisraelismo en medios, ha aparecido estos días en El País y RNE defendiendo la narrativa de Hamás: genocidio, hambruna, matanzas indiscriminadas. La misma que él mismo se dedicaba a desmontar hasta hace apenas un año.
«Llevo dos días tratando de decidir a quién de todos los personajes se asemejaría Zukierman ¿A aquel que cruza las líneas desde la derecha a la izquierda (o viceversa) por convicción ideológica? ¿O a la veleta política y oportunista?»
Dayán era ampliamente conocido por sus vaivenes políticos, una veleta que dirían. De hecho, muy curiosamente, un más que conocido político izquierdista con raíces ideológicas en la derechista organización armada «Etzel», Uri Avnery, fue quien le puso en los ’70 el apodo de «puta política», término también popularizado en el argot político nacional para aquellos dispuestos a sacrificar sus ideales con tal de satisfacer sus ambiciones personales y políticas.
Y con la mente abierta, pero con mucha indignación, y sobre todo salvando las diferencias abismales por la talla de los dos personajes históricos israelíes, llevo dos días tratando de decidir a cuál de los patrones respondería Zukierman. ¿A aquel que cruza las líneas desde la derecha a la izquierda (o viceversa) por convicción ideológica? ¿O a la veleta política y oportunista?
Dentro de mis convicciones personales, un cambio genuino y verdadero, ideológico, de los valores más inherentes de todo ser humano, es hasta digno de admiración. Para mí, aquel dispuesto a sacrificar su imagen, su puesto de trabajo, sus amistades, a veces a su familia, por sus creencias en unos nuevos valores es persona digna de respeto, incluso cuando discrepe con ella diametralmente. Pero las veletas y oportunistas no lo son. Menos aún los hipócritas. Reconozco que no llego a decidir ante cuál de los casos estamos.
«Diferencias ideológicas aparte, Zukierman asume como inapelable la narrativa difundida por Hamás y propagada por medios a los que él mismo monitorizaba y criticaba hasta el año pasado. Para apoyar sus acusaciones recurre a informes politizados y declaraciones de la ONU, de Albanese, de Beinart, de la CPI, Betselem y similares en Israel. ¿Ninguna revisión propia, ninguna pregunta sin respuesta?»
Zukierman se defendió de las primeras críticas que lo acusaban de comportarse como un «kapo» (colaboracionista judío) apelando a la memoria de una tía abuela (z¨l), perecida en la Shoá según contó él mismo. ¡Como si la ascendencia sirviera de escudo frente a la crítica ! Por cierto, tampoco la máxima del burro le sirvió de nada a Dayán.
Sin decidir patrones, creo que Zukierman cae en una trampa y asume como inapelable la narrativa difundida por Hamás y medios a los que él mismo monitorizaba y criticaba hasta el año pasado: genocidio, hambruna, asesinatos en los puestos de comida, civiles asesinados en masa…Para apoyar sus acusaciones recurre a informes politizados y declaraciones de la ONU, de Albanese, de Beinart, de la CPI, Betselem y similares en Israel. Sabiendo lo que sabemos de la «neutralidad» de esos actores, sería lo mismo que proponer a Joseph Goebbels como testigo para los Juicios de Nuremberg (si no se hubiera suicidado antes, claro está).
Y si reconozco que no sé si Zukierman se mueve motivado por convicción o por interés, sí estoy convencido de que no hay ningún genocidio en Gaza. Después de 30 años en Israel; de conocer por dentro su sociedad –con sus muchas bondades y no menos defectos, como todas-; de haber visto con mis propios ojos más de diez guerras, operaciones de envergadura y dos Intifadas; de haber hablado con cientos de soldados y oficiales (entre mis muchas funciones fui corresponsal militar); de haber corrido con Golani en sus ejercicios, comido con reclutas y bebido del mismo y único vaso disponible en el campamento; de haber hablado con oficiales desde el rango de general para abajo; no necesito ni preguntarles si hay o no un genocidio. Sé la respuesta: Sencillamente, no tenemos ese gen en nuestro ADN colectivo como pueblo.
«¿Genocidio? No podríamos ni pensarlo, cuánto menos planificarlo, por mucho que algunos políticos absolutamente oportunistas en Israel, entre ellos varios ministros, hayan hecho declaraciones polémicas y, a mi juicio, totalmente inaceptables y reprochables«
No podríamos ni pensarlo, cuánto menos planificarlo, por mucho que algunos políticos absolutamente oportunistas en Israel, entre ellos varios ministros, hayan hecho declaraciones polémicas y, a mi juicio, totalmente inaceptables y reprochables. Pero es el típico «aleihum» (agresivos llamamientos a linchamientos mediáticos para llamar la atención) del nuevo Israel. No lo justifico, solo lo explico.
Y no soy ningún ingenuo. Sé también perfectamente que no hay guerra sin crímenes, y que con el tiempo se irán conociendo más y más casos de ilegalidades por parte de soldados en Gaza. Pero casos individuales, quizás alguno de carácter colectivo máximo a nivel de pelotón… Ninguno impuesto desde arriba, porque la Ley Militar Israelí (supongo que la de cualquier ejército democrático) exige explícitamente a cualquier soldado incumplir una orden ilegal. De no hacerlo, el único responsable legal es él soldado mismo. Y no, en Israel, ni los jóvenes reclutas ni los reservistas de mayor edad y padres de familia son unos «mandados» de sus superiores. El que haya querido hacer algo ilegal, lo habrá hecho por decisión propia, y no faltan macabros y psicópatas en ningún Ejército del mundo. Todas las guerras del mundo nos dejan ejemplos y la Fiscalía Militar es el organismo relevante para las denuncias.
«Me he tomado la molestia estos dos años de preguntar incontables veces y a decenas de soldados -muchos de ellos hijos de amigos, otros, reservistas con los que interactúo en mi día a día-, si durante las operaciones en Gaza han recibido alguna «orden ilegal» de sus superiores. Ninguno ha dicho que sí, pero Zukierman pide que nos fiemos de la ONU, de Albanese… en definitiva, de Hamás
Y pese a saberlo de antemano, por mi condición de periodista, sí me he tomado la molestia estos dos años de preguntar incontables veces y a decenas de soldados -muchos de ellos hijos de amigos, otros, reservistas con los que interactúo en mi día a día-, si es que durante las operaciones en Gaza han recibido alguna vez alguna «orden ilegal» de sus superiores. Ninguno ha dicho que sí, pero Zukierman nos dice que nos fiemos de la ONU, de Albanese… en definitiva, de Hamás.
Palabra de un autor que trabajó en Radio Sefarad, la radio de la FCJE (a la que critica); que fue director de una organización de lucha contra el antisemitismo de España, ACOM, y que hoy aparentemente detesta; y que hasta avanzado el 2024 aún se encargaba, desde la renacida ong Guesher, de monitorear el antisemitismo y anti-israelismo en los medios de comunicación que este fin de semana le han brindado cinco minutos de gloria… Y otro dicho hebreo tradicional: «¿Dejaron al gato que custodiara la nata…?» ▪
Elías L. Benarroch, Editor en jefe