Autora: Jimena García Herrero
En febrero de 2025, la Asociación Asturiana de Amigos de Israel, la Comunidad Judía de Asturias y Asturias contra el Antisemitismo dirigieron una carta formal al rector de la Universidad de Oviedo para denunciar una exposición instalada en el claustro del Edificio Histórico.
El motivo de la queja fue claro: la muestra ofrecía una visión parcial y sesgada de Judea y Samaria (denominada Cisjordania durante la ocupación jordana de 1948-1967), sin aportar el contexto histórico y legal necesario para una comprensión objetiva. Uno de los hechos más graves de esta exposición, sin embargo, fue la presentación de Ahed Tamimi como ejemplo de activismo y resistencia, elevándola poco menos que a la categoría de heroína de la resistencia. La exposición describía a Tamimi únicamente como “activista palestina de 23 años”, víctima de la “ocupación israelí”. Nada decía de su trayectoria real, marcada por la incitación al odio y la violencia.

¿Quién es realmente Ahed Tamimi?
No es necesario interpretar, ella misma lo ha dejado claro:
El 28 de octubre de 2023, Tamimi escribió en Instagram:
“Os estamos esperando en todas las ciudades de Cisjordania, desde Hebrón hasta Yenín. Os mataremos y diréis que lo que os hizo Hitler fue una broma. Beberemos vuestra sangre y nos comeremos vuestro cráneo. Vamos, os estamos esperando”.
En un podcast árabe, a principios de este mes, dejó bien claras las cosas por si aún había alguna duda:
“Estamos luchando contra los judíos, no solo contra el sionismo. Desde niña, mi definición del judaísmo ha sido que es lo mismo que el sionismo. No hay diferencia entre ellos”.
“Si un judío no quiere que su religión se defina de esa manera, puede unirse a mí en la lucha contra el sionismo”.
“Somos superiores al mundo entero, porque somos los únicos en el mundo que luchamos contra la injusticia, a costa de nuestras vidas y de nuestra humanidad”.
También abordó el tema de la distribución de ayuda en la Franja de Gaza, calificando de “condescendiente” la gestión de los países occidentales: “Se entregará ayuda a los gazatíes independientemente de cualquier otra cosa”.
Y llegó incluso a declarar:
“He llegado al punto de desear una Tercera Guerra Mundial. Que lancen bombas nucleares, que destruyan el mundo entero para que no sean solo los palestinos”.
Tamimi ha sido condenada por agresión a soldados israelíes e incitación a la violencia, arrestada nuevamente en 2023 por instigación al odio, y se ha manifestado abiertamente a favor de la violencia.
Durante décadas, la imagen del mártir palestino fue la del suicida que se inmolaba casi en el anonimato, en un autobús o en un mercado, asesinando a cuantos más judíos mejor. Hoy el modelo ha cambiado. Tamimi encarna un nuevo tipo de mártir: ya no basta con morir en la sombra, ahora se busca la notoriedad. Con dotes de actriz y un cuidado sentido de la autopromoción, Tamimi se exhibe como icono mediático mientras proclama discursos de odio. No quiere desaparecer, quiere ser vista, grabada, venerada. Y lo logra, se ha convertido en símbolo en redes sociales además de cubrir la pared de una universidad española.
Es muy alarmante que una universidad pública presente a Tamimi como modelo de lucha sin advertir de su historial delictivo ni de sus declaraciones abiertamente antisemitas. Peor aún, que el director de Cooperación y Responsabilidad Social de la institución pública afirmara que seguiría comprometiéndose a seguir apoyando este tipo de iniciativas (LNE 20/02/2025).
Con esas palabras y con la propia exposición, la Universidad de Oviedo legitima el mensaje de Tamimi, un mensaje que no va de paz ni de derechos humanos, sino de odio contra los judíos, violencia terrorista y antisemitismo puro y explícito.
Aquí no hablamos de Israel ni de un debate político sobre Oriente Medio. Hablamos de algo mucho más grave. Dar cobertura académica a una persona que pide matar judíos y justifica la violencia más extrema.
Cuando la Universidad de Oviedo decide colgar en su claustro el retrato de Ahed Tamimi, sin una sola referencia a sus mensajes de odio, está avalando y legitimando su discurso actual. Y cuando su director de Cooperación y Responsabilidad Social promete seguir apoyando este tipo de iniciativas, está otorgando cobertura académica y moral a quienes difunden antisemitismo. No es neutralidad, no es ignorancia, no es pluralidad cultural: es complicidad con el odio.
La Universidad de Oviedo, institución que debería ser espacio de pensamiento crítico y rigor intelectual, se ha convertido en altavoz de un fanatismo que glorifica la violencia y siembra odio contra Israel y contra el pueblo judío.
Cada persona que visitó esa exposición y salió convencida de que Tamimi era una heroína, lo hizo con el respaldo implícito de la Universidad, que así contribuyó a propagar el veneno ideológico de quien abiertamente proclama que matar judíos es legítimo y que el antisemitismo puede disfrazarse de activismo.
Por eso, mientras no rectifique, la Universidad de Oviedo seguirá siendo cómplice de ese discurso de odio. Y eso, en una institución pública, no es solo un error, es una vergüenza que la deslegitima moralmente.