En la Segunda Guerra Mundial vimos ejemplos terribles: judíos que colaboraron con los nazis pensando que así se salvarían. Y otra vez aparecen judíos que, por querer quedar bien o parecer moralmente superiores, se suman al coro que demoniza a Israel y hasta justifica a grupos terroristas como Hamas.
Autor: Nataniel Castaño
El auto-odio judío es una de las heridas más amargas en la historia del pueblo judío. A lo largo de los siglos ha habido enemigos suficientes desde fuera, pero el daño más doloroso es cuando algunos, desde dentro, se ponen del lado de los antisemitas. Judíos que, por resentimiento, miedo o por la ilusión de ser aceptados en sociedades que nunca los aceptarán, terminan renegando de su identidad y atacando a los suyos.
En la Segunda Guerra Mundial vimos ejemplos terribles: judíos que colaboraron con los nazis pensando que así se salvarían. Delataron a otros, se pusieron al servicio de sus verdugos, creyendo que serían «la excepción». Pero el antisemitismo nunca hace excepciones, para los nazis daba igual tu ideología, tu política o tu colaboracionismo. Bastaba con ser judío para acabar en las cámaras de gas.
Hoy, la historia se repite con otro disfraz. El antisemitismo ya no se dice abiertamente, ahora se esconde detrás del «antisionismo». Se presenta como una crítica «legítima» a Israel, pero en realidad es el mismo odio de siempre contra los judíos.
«Otra vez aparecen judíos que, por querer quedar bien o parecer moralmente superiores, se suman al coro que demoniza a Israel y hasta justifica a grupos terroristas como Hamás»
Conviene subrayar que criticar las decisiones de un gobierno, incluido el de Israel, no solo es legítimo sino también necesario en una democracia. Lo que resulta inaceptable es cuando esa crítica se convierte en la negación de la legitimidad del Estado judío o, peor aún, en la justificación de sus verdugos.
Y otra vez aparecen judíos que, por querer quedar bien o parecer moralmente superiores, se suman al coro que demoniza a Israel y hasta justifica a grupos terroristas como Hamas. Creen que así se protegen, que nadie podrá acusarlos de parcialidad. Pero se engañan, cuando el odio estalla, para los antisemitas siguen siendo simplemente judíos.
Lo peor es que, quienes odian al pueblo judío y al Estado de Israel, se aprovechan de ellos. Les abren espacio en periódicos y televisiones, les ponen un micrófono y los usan como coartada: «mira, hasta un judío lo dice, Israel comete genocidio». Esa es la trampa. No es que esas voces tengan más valor, es que sirven para legitimar el odio con un barniz de credibilidad.
«El auto-odio judío es un espejismo mortal: creer que renegar de uno mismo te hará aceptado. La historia lo demuestra una y otra vez, ese camino no te salva. Terminas en el mismo sitio que los que nunca negaron ser judíos. La diferencia es que, en el trayecto, habrán fortalecido las manos de sus enemigos».
Además, muchas de esas voces no surgen de la nada sino que están apoyadas por plataformas y redes internacionales que se disfrazan de defensores de derechos humanos. Pero no se limitan a criticar políticas concretas, van más allá: atacan la existencia misma del Estado de Israel. Lo que hacen en realidad es dar excusas y munición al antisemitismo moderno. Y el mensaje de esos judíos, en vez de defender a nadie, se convierte en un arma contra todos los judíos.
El auto-odio judío es un espejismo mortal: creer que renegar de uno mismo te hará aceptado. La historia lo demuestra una y otra vez, ese camino no te salva. Terminas en el mismo sitio que los que nunca negaron ser judíos. La diferencia es que, en el trayecto, habrán fortalecido las manos de sus enemigos.
Los ejemplos recientes en la prensa y en espacios de debate son prueba de que el fenómeno sigue vivo. Hay voces que, disfrazadas de reflexión moral, en realidad terminan reforzando prejuicios contra los judíos y ofreciendo munición al antisemitismo contemporáneo.
Mientras haya judíos que alimenten el prejuicio contra su propio pueblo, el antisemitismo tendrá gasolina para seguir ardiendo. La lección es clara: negar lo que eres nunca te salvará. Cuando el odio viene, no preguntan si eras crítico o complaciente. Preguntan solo una cosa: ¿eres judío? Y si la respuesta es sí, entonces eres su objetivo ▪