
Kibutz Beéri arrasado el 7 de octubre de 2023. Crédito: BBC
Autor: Esteban Ibarra, presidente de CELCA (Coordinadora Estatal de Lucha Contra el Antisemitismo)
2026-02-01 CONFILEGAL
Durante la Semana de la Memoria del Holocausto y por la prevención de los crímenes contra la Humanidad del 2026 hemos podido escuchar en numerosos actos, durante las intervenciones de representantes de las comunidades judías, de instituciones públicas y asociaciones civiles, la preocupación, alarma y sufrimiento creciente, dado los numerosos incidentes de odio antisemita que se están produciendo en nuestro país y a nivel internacional, en una fuerte ola desarrollada en los últimos dos años.
Desde el pogromo del 7 de octubre en Israel, cometido por Hamás y la Yihad Islámica, la mayor masacre terrorista antisemita tras el Holocausto, se han ido sucediendo numerosos incidentes delictivos, coincidiendo con la difusión continua de mensajes de odio, generándose un clima donde han emergido comportamientos de naturaleza judeófoba y antisionista, muchos disfrazados de antisemitismo, aunque antisemitas sin más.
Ante esta realidad y desde la insensatez de numerosas instituciones por su falta de reacción, quienes en el mejor de los casos solo responden livianamente en términos de transitoria lamentación vacía de compromiso para acometer este grave problema, la dinámica del odio antisemita avanza sin freno alguno.
Más allá de la guerra entre Israel y Hamás, donde todos deseamos, tras el alto el fuego, su final absoluto, junto a la recuperación de la libertad del pueblo palestino, oprimido por el terrorismo islamista, y su hermanamiento con el pueblo de Israel, en paz y con seguridad, más allá de esta dolorosa guerra, iniciada por Hamás mediante un crimen contra la paz y de lesa humanidad, en un sadismo nunca visto, calificado por juristas internacionales como kinocidio por la búsqueda de máximo dolor familiar, se ha producido una derivada antisemita en España muy peligrosa, donde se plantan semillas de odio mediante campañas de agitación y propaganda que van a producir estragos en generaciones futuras, en la convivencia democrática intercultural e interreligiosa, en la protección de la dignidad humana, las libertades y los derechos fundamentales actualmente en nuestro país.
Estigma antisemita, afirmación antijurídica y señalamiento social.
Calificar de Estado genocida a Israel, lo que incluye todas sus instituciones y administraciones, al único país democrático de Oriente Medio, y extenderlo aún más a todo un país: Israel genocida, o lo que es lo mismo, todos los ciudadanos, diversos en todo, religión y orígenes étnicos, judíos, musulmanes, cristianos, ateos, drusos, negros, caucásicos…, políticos de izquierda, derecha, centro… o con oficio y función, ya sean conductores de autobús, enfermeras y doctores, miembros del Parlamento, jueces y fiscales, diputados y gobierno, niños y ancianos, solo obedece a una intención: incrementar el odio al mundo judaico y a todo lo relacionado con este país.
Ni siquiera después de derrocado el nazismo, tras el Holocausto, hubo nadie, ningún dirigente o gobierno democrático, que se atreviera a decir “Alemania genocida” y acusar a todos los alemanes del mayor crimen de todos los crímenes.
Una expresión no sostenida por el Tribunal Penal Internacional ni avalada en ninguna resolución judicial, pero sí sostenida en una campaña de propaganda antisemita de tal envergadura que desde ahí se han derivado infinidad de comportamientos sociales y políticas de naturaleza antisemita.
Los que gritan y propagan libelos como “Israel genocida”, expresión antijurídica con el Código Penal y la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio en la mano, consciente o inconscientemente, y fomentan boicots contra judíos, israelíes y toda persona o entidad que mantenga cualquier vinculación con ellos, reciben felicitaciones de Hamás, mientras los señalamientos de complicidad que sufrimos bien promueven la discriminación o nos ponen en una diana que podría acabar en tragedia.
Hostilidad, acciones antisemitas y consigna del exterminio
Actualmente en nuestro país, las acciones antisemitas se multiplican de forma exponencial, desde pintadas, acosos a referentes judíos, boicots en actos deportivos y culturales, en universidades, en conferencias, adoctrinamientos antisemitas en centros escolares y barrios, e incluso agresiones a referentes de comunidades judías y personas que luchan contra el antisemitismo, acusados de pertenencia a «lobbies» “sionistas”, como recientemente hizo un autodenominado Tribunal Permanente de los Pueblos en la Universidad Complutense, una especie de tribunal de excepción, dicen que es de opinión, y que sentenció como “cómplices de genocidio” a todo el que estimó contrario a sus ideas.
Muchas de estas acciones tienen en su vanguardia a grupos extremistas que van desde el izquierdismo hasta el neofascismo, incluyendo a fanáticos islamistas.
Por otra parte, participan en campañas internacionales de boicot y propaganda, como la conocida “flotilla”, actos culturales como el reciente de Barcelona, exclusiones en festivales de cine, en deporte, y donde se quiere legitimar como apoyo a una “resistencia” que finalmente es apoyar a organizaciones que continuamente cometen atentados, pero que en realidad no apoyan efectivamente la libertad y los derechos del pueblo palestino, a quien primero hay que liberarlo de Hamás.
Y no solo eso, hemos visto llamamientos, incluidos desde altos cargos institucionales, a boicotear la Vuelta Ciclista a España, con el consiguiente desarrollo de sucesos que afectaron a niños, civiles y a las fuerzas y cuerpos de seguridad. También en acciones culturales y sociales, donde se ha agitado con la proclama: Desde el río hasta el mar, difundiendo esta consigna de Hamás que supone y reclama el exterminio de Israel y, en consecuencia, de todos los ciudadanos de ese país, negando su derecho a existir, reconocido por la ONU en 1947, en su Resolución 181.
Terrorífica consigna que es extensible a su diáspora, tal y como afirman los mensajes divulgados por Hamás, la Yihad y otras organizaciones del terrorismo islamista, llamando a matar judíos e israelíes o a la ciudadanía vinculada con estos.
Terrorismo, violencia, hostilidad y acciones antisemitas
Sirva de ejemplo, y acaba de suceder, el sangriento atentado en Sídney (Australia), cuyo gobierno ha mantenido una política muy similar a la del gobierno español.
No hay apaciguamiento: vendrán más atentados y masacres porque los terroristas están llamando a la yihad en Occidente contra el judío y el infiel, defendiendo su proyecto de califato islamista, y no un Estado democrático para el pueblo palestino, secuestrado por el integrismo terrorista, porque ellos insisten: no quieren dos Estados ni aceptan la resolución originaria de la ONU de 1947.
El atentado en Australia, durante la festividad judía de Janucá, donde fueron asesinadas 15 personas y decenas resultaron heridas por disparos contra una colectividad pacífica e inocente, así como otros que están sucediendo en diferentes ciudades del mundo, no surgieron de la nada.
Cuando el gobierno tartamudea, las universidades contienen su crítica y los medios buscan excusas, el camino desde los grafitis del odio al fuego real asesino es muy breve.
Este es el resultado directo de la banalización e incluso del aliento del antisemitismo, que alcanza al hecho mismo del Holocausto y al crimen de lesa humanidad del 7 de octubre, la mayor matanza terrorista desde el final de la II Guerra Mundial, sobre la que se quiere pasar página o, cuando no, justificarla, como han denunciado los representantes de las Comunidades Judías en España, desde posiciones insensatas que no diferencian la controversia política acerca de un conflicto, incluida la gestión de una guerra, de la brutal estigmatización actual que posibilita que emerja un discurso de odio antisemita que siempre precede a graves acciones criminales yihadistas, crímenes cuya extensión y acción generalizada obligan a situarlos en una criminalidad de lesa humanidad.
Nos ponen en peligro, se suspenden libertades y derechos fundamentales
Se incrementa la reivindicación, como ciudadanos judíos españoles y demócratas, israelíes residentes en España, desde las entidades sociales de derechos humanos y solidarias, de todas las creencias y condiciones, de que aquellos que realizan mensajes antisemitas modifiquen su comportamiento y sus declaraciones públicas y de que el gobierno cumpla el acuerdo suscrito por España, junto a la Unión Europea y los 40 países de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), que suscribió en junio de 2020, por el que se comprometía a erradicar esta lacra del odio a los judíos y a sus instituciones comunitarias, como el Estado de Israel, que concreta el derecho de autodeterminación del pueblo judío, un odio que, como dice esta declaración, causa víctimas judías y no judías, generando un riesgo que mina las bases de la civilización democrática hasta su abolición, como afirman las declaraciones de las organizaciones islamistas.
El discurso de odio antisemita nos está poniendo en peligro, incluso la omisión y falta de reproche público a numerosos delitos de odio que se han producido en este tiempo y que han gozado incomprensiblemente de una impunidad que ha dañado a miles de personas afectadas por actos de hostilidad, discriminación, agresiones y difusión del odio.
Sirva el dato récord de la detención de más de un centenar de personas vinculadas con el terrorismo antisemita en el último año por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Nadie debe escudarse en España por disponer de Plan contra el Antisemitismo en aplicación de la Estrategia de la Unión Europea. Ambos se han mostrado insuficientes, ineficaces y fracasados a la luz de la realidad antisemita generada en los últimos dos años, a la vista de las agresiones y atentados.
Den voz a las víctimas y a las organizaciones que denuncian e intervienen contra el antisemitismo, porque nos han dado la espalda.
Si el gobierno español no es capaz de prevenir y proteger a los españoles judíos, a los israelíes residentes y a la ciudadanía relacionada y solidaria con las víctimas del antisemitismo, porque todos somos estigmatizados, señalados, cancelados, escrachados, discriminados, hostigados y, finalmente, expuestos como dianas a la violencia del yihadismo terrorista, si esto no se responde en términos de erradicación de conductas, entonces muchos, legítimamente, concluiremos ante tal abdicación de responsabilidad que quienes, debiéndolo hacer, no lo hacen, perdieron su humanidad.
Ley contra el Antisemitismo y Consejo contra la Discriminación Antisemita
Resulta urgente la creación de un Consejo para la Eliminación de la Discriminación Antisemita en España, al igual que existe el de discriminación racial y otros, coparticipado por administraciones y sociedad civil; un reforzamiento integral del Plan contra el Antisemitismo, con participación de entidades implicadas y conforme con la realidad actual del problema, con presupuesto, porque el actual es cero; y la aprobación de una Ley contra el Antisemitismo que configure definitivamente el contenido de su definición, evitando conceptos vacíos, coherente con lo que el gobierno firmó en julio de 2020, su vicepresidenta Carmen Calvo, en la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA).
Es momento de rectificar por parte del gobierno y otras instituciones su línea política de pasividad, de ser coherentes con los compromisos contra el antisemitismo que han suscrito, de aplicar con firmeza la legislación que nos protege como ciudadanos españoles y residentes israelíes en España, de erradicar todo tipo de represalia antisemita, adoptar medidas eficaces y poner en pie organismos que impidan que seamos discriminados por este motivo.
Se debe reforzar la legislación de protección e intervención de manera general frente al antisemitismo y devolver la confianza quebrada que nos muestre que en España no hay lugar para ninguna forma, ni manifestación o conducta, de antisemitismo, en ningún espacio social, cultural o político, que ponga en riesgo nuestra integridad física, moral y emocional.
Así lo dice la ley, y en justicia se les reclama.


