
Autor: Dror Bin*
Israel se encuentra en una encrucijada decisiva. El panorama tecnológico global está cambiando una vez más: de un software que escala rápidamente hacia tecnologías profundas que requieren ciencia avanzada, ingeniería real e infraestructura a largo plazo. Y es precisamente ahí donde Israel tiene una ventaja natural.
La inteligencia artificial (IA), la biología sintética, los materiales avanzados, la computación cuántica y las tecnologías resilientes al clima están redefiniendo las prioridades globales. Para seguir siendo un líder mundial en innovación, Israel debe redoblar su apuesta por el deep tech (tecnología profunda), porque hacia allí se dirige el mundo y porque ahí poseemos una ventaja relativa y estratégica.
El ecosistema de innovación de Israel siempre estuvo arraigado en la tecnología profunda. Nuestros primeros avances —ya sea en defensa, ciencias de la vida o semiconductores— implicaron soluciones complejas, intensivas en infraestructura y basadas en la ciencia. Esa base es nuestra ventaja competitiva.
Hoy, los grandes desafíos de la humanidad —incluidos el cambio climático, el envejecimiento de las sociedades, la inseguridad alimentaria y la transición energética— exigen soluciones físicas. Estas requieren avances científicos y sistemas de ingeniería. La tecnología profunda no es una moda pasajera; es una necesidad.
Esta transformación está ocurriendo a nivel global. Gobiernos de todo el mundo están invirtiendo fuertemente en IA y en tecnologías profundas, reconociendo que estas capacidades ahora son inseparables de la competitividad económica y la seguridad nacional. La era de depender únicamente de la velocidad y la agilidad del sector privado terminó.
En esta nueva fase, los países están recuperando su papel como actores activos en la innovación profunda. Para Israel, este cambio es un llamado urgente a la acción. Debemos abordar el desarrollo de la tecnología profunda a nivel nacional, tratándolo como infraestructura estratégica fundamental para el futuro económico del país.
Israel ya cuenta con aproximadamente 1.500 empresas de tecnología profunda que, en conjunto, recaudaron más de 28.000 millones de dólares entre 2019 y 2025. Esto nos convierte en líderes mundiales en financiación de tecnología profunda en el hemisferio occidental, solo por detrás de Estados Unidos.
Pero este impulso no se sostendrá sin inversión pública focalizada, infraestructura a escala industrial y alineación entre la academia, el gobierno y el sector privado. Esa es la misión de la Autoridad de Innovación de Israel: garantizar que existan la infraestructura, los mecanismos de financiación y los marcos de colaboración necesarios para que la tecnología profunda prospere.
Estamos creando las condiciones para que la tecnología profunda pase de los laboratorios al mercado. El objetivo es construir capacidad a largo plazo.
Si el primer capítulo tecnológico de Israel estuvo definido por la tecnología profunda, y la última década demostró que podemos escalar software a nivel global, entonces nuestro futuro debe combinar ambas fortalezas. Debemos liderar tanto en invención científica como en alcance de mercado global.
De cara al futuro, a medida que la IA automatice tareas rutinarias y repetitivas, solo los sectores basados en fundamentos científicos y tecnológicos profundos seguirán siendo relevantes. En ese mundo, la tecnología profunda no es solo un motor de crecimiento; es un escudo.
Israel tiene el talento, el legado y la ambición para liderar. Pero ahora debemos acompañarlo con inversión audaz, estratégica y con políticas públicas de largo plazo.
Este es nuestro momento para redefinirnos, y estoy convencido de que Israel se convertirá en la “Nación Deep-Tech” del mañana. Tenemos las raíces, el talento y la ambición. Con la infraestructura, la financiación, el enfoque estratégico y la arquitectura del ecosistema adecuados, estamos sentando las bases para que Israel lidere globalmente en tecnología profunda y aporte soluciones reales a los problemas más urgentes del mundo: alimentar a la humanidad, preservar nuestro planeta, brindar seguridad, cuidar a nuestras sociedades envejecidas y más.
El momento es ahora. Los desafíos son enormes, pero también lo es la oportunidad. No nos limitemos a participar en el futuro: definámoslo.
* CEO de la Autoridad de Innovación de Israel


