
Las redes islamistas son más visibles y las narrativas mediáticas son cada vez más distorsionadas
1. No hay realidad, solo propaganda.
Cualquier viajero puede confirmar lo poco que las narrativas comunes sobre Israel tienen que ver con la realidad.
Desde cualquier parte, visitando el sur y el norte y llegando hasta Jerusalén, por todas partes en Israel hay diversidad, letreros trilingües y estudiantes judíos y árabes conviviendo.
Estas impresiones directas son un contrapeso indispensable a la imagen distorsionada que ofrecen muchos medios de comunicación.
No se trata de un estado de apartheid inventado, sino de un país abierto y plural que sigue defendiendo los valores democráticos a pesar del terrorismo.
2. Antisemitismo en Europa: cotidiano, agresivo, normalizado.
Estas navidades fueron un ejemplo paradigmático de lo profundamente arraigado que se ha vuelto el odio antisemita: souvenirs de Hamás en los mercados navideños europeos, simpatías manifiestas hacia grupos terroristas, grupos de izquierda en España debatiendo sobre la resistencia armada contra Israel, y resoluciones de la ONU plagadas de dobles raseros.
El antisemitismo ya no es un fenómeno marginal; permea la sociedad, la política, la cultura y los medios de comunicación.
3. Estructuras terroristas islamistas en Europa mucho más profundas, extensas y peligrosas de lo que se ve.
Hamás, Samidoun, Mazar-Badil, FPLP, Hezbolá. Estas redes llevan años operando en Europa, organizadas, interconectadas y, a menudo, sorprendentemente abiertas.
En Europa residen más de 3.000 terroristas conocidos desde hace mucho tiempo, y existe una enorme cantidad de casos no denunciados.
Las investigaciones y medidas actuales solo muestran la punta del iceberg. Tras ellas se esconden redes de gran alcance de organizaciones fachada, asociaciones, programas culturales, células radicales y flujos financieros internacionales.
Europa hizo la vista gorda durante décadas; ahora vemos lo peligroso que fue este fracaso.
4. Fracaso mediático, propaganda y doble moral
Todo el tiempo estamos viendo la gravedad del problema de la información distorsionada.
En el centro de este problema se encuentra periodistas cuya opinión sesgada de Israel ha sido documentada durante meses, pero siguen recibiendo numerosos premios, una señal desastrosa de responsabilidad periodística.
Al mismo tiempo, las televisiones públicas están entablando colaboraciones problemáticas con actores cercanos a Hamás.
Las Instituciones internacionales como la ONU vuelven a emitir resoluciones contra Israel. Y muchas redacciones están adoptando las narrativas de Hamás casi sin filtros.
5. Violencia contra Israel y su minimización sistemática
Lo cotidiano en Israel es ver el alto al fuego repetidamente roto por Hamás y la Yihad Islámica, recibir ataques terroristas en la Línea Amarilla, actuar en las redes de túneles destruidas en Rafah, decenas de terroristas eliminados por atentar contra las FDI: los hechos son claros.
Sin embargo, muchos medios de comunicación minimizan u ocultan esta realidad.
6. Acontecimientos políticos, y sociales peligrosos en España.
El hecho de que sectores de la izquierda española estén debatiendo abiertamente la resistencia armada contra Israel marca una ruptura masiva de la barrera social.
En España, el último año ha demostrado cuán radicales se han vuelto algunas estructuras, y que mirar hacia otro lado no es una opción.
7. Avances positivos importantes, visibles y debidamente contextualizados.
A pesar de los temas sombríos, también hay hechos positivos: Israel sigue siendo un Estado de derecho. Los errores se investigan, se publican y, de ser necesario, se sancionan.
Esto no es comparable en absoluto con las organizaciones terroristas que sistemáticamente matan, torturan y mienten.
Conclusión: el antisemitismo está aumentando masivamente, las redes islamistas están profundamente arraigadas y activas en toda Europa. Lo que vemos es solo la punta del iceberg.
El fracaso de los medios y la doble moral política distorsionan la realidad.
La desinformación domina el discurso.
Israel está bajo ataque constante en la guerra de la información. Hay que prestar atención a estos actos, documentarlos y darlos a conocer.
No nos quedaremos callados.


