
Ofer Shacham, uno de los ingenieros israelíes más influyentes del mundo del hardware, está convencido de que la actual revolución de la inteligencia artificial abre una oportunidad histórica para desafiar el dominio de Nvidia en el mercado de procesadores. Desde Israel, lidera Majestic Labs, una startup que busca desarrollar chips y servidores diseñados específicamente para IA, con un consumo energético muy inferior al de las soluciones actuales.
Shacham, de 48 años, no es un emprendedor común. A lo largo de su carrera acumuló experiencia directa trabajando con dos de las figuras más poderosas de Silicon Valley: Sergey Brin, cofundador de Google, y Mark Zuckerberg, fundador de Facebook. Ambos intentaron retenerlo en sus compañías con ofertas personales poco habituales, pero Shacham decidió seguir su propio camino.
En 2018, Brin lo citó a una reunión privada y le propuso escribir el próximo proyecto que quisiera liderar dentro de Google, con carta blanca para ejecutarlo. Shacham rechazó la oferta porque, a pocos kilómetros de allí, Zuckerberg le había propuesto un desafío que consideró aún más ambicioso: crear desde cero la actividad de desarrollo de chips para realidad aumentada en Facebook, hoy Meta.
El objetivo era tan simple de enunciar como difícil de ejecutar: desarrollar gafas inteligentes “usables todo el día y socialmente aceptables”. Eso implicaba concentrar en un dispositivo liviano la potencia de cálculo de servidores completos, sin sobrecalentamiento ni baterías peligrosas. Durante cinco años, Shacham lideró un equipo de más de mil personas y el desarrollo de 15 chips distintos, con presupuestos de cientos de millones de dólares. Aunque el producto final no tuvo éxito comercial, Meta logró ingresar al mundo de los procesadores para inteligencia artificial.
Tras la pandemia
Shacham decidió regresar a Israel con su familia. Aunque Meta aceptó trasladar su puesto al país, el trabajo nocturno constante y el avance acelerado de la IA lo llevaron a una conclusión: era el momento de crear algo nuevo.
Así nació Majestic Labs en 2023, fundada por Shacham junto a Sha Rabii —ingeniero estadounidense de origen iraní— y Masumi Reynders, ejecutiva japonesa. Los tres renunciaron a Meta para desarrollar una nueva generación de procesadores orientados exclusivamente a inteligencia artificial, capaces de ofrecer un rendimiento muy superior con una fracción del consumo energético actual.
La empresa fue lanzada oficialmente en noviembre de 2023, en plena guerra en Israel, y aun así logró recaudar USD 100 millones en dos rondas de inversión casi consecutivas. Entre los fondos que apostaron por el proyecto figuran Lux Capital, Bow Wave Capital y varios fondos israelíes, una decisión deliberada de Shacham para asegurar respaldo a su permanencia en el país. Hoy, cerca de la mitad del equipo de Majestic trabaja desde Israel.
El objetivo de la compañía no es “vencer” a Nvidia de forma directa, algo que Shacham considera irrealista para una startup frente a una empresa valuada en más de USD 4 billones. Nvidia controla alrededor del 90% del mercado de procesadores para IA, pero Majestic apunta a resolver un problema que hoy nadie soluciona de forma eficiente: el consumo masivo de energía de los centros de datos.
Los chips de Nvidia, originalmente diseñados para videojuegos, fueron adaptados para IA y funcionan bien, pero requieren enormes cantidades de electricidad. A medida que la demanda de IA crece, los costos energéticos se disparan y algunos países incluso empiezan a bloquear la construcción de nuevos data centers.
Majestic busca atacar ese punto crítico. Según Shacham, sus servidores podrían ser entre 10 y 50 veces más eficientes que las soluciones actuales, permitiendo procesar más datos con la misma infraestructura. La empresa ya trabaja con clientes que participan en el diseño del producto, aunque aún no lanzó una solución comercial.
Shacham no llega a este desafío por casualidad.
Su formación comenzó lejos del mundo tecnológico: de joven quería ser médico, fue voluntario en servicios de emergencia y sirvió en una unidad de combate naval. Recién después decidió estudiar ingeniería en la Universidad de Tel Aviv y, casi sin planificarlo, terminó realizando un doctorado en Stanford.
Allí fue parte de uno de los primeros grupos que cuestionaron la “ley de Moore”, la idea de que los chips pueden seguir miniaturizándose indefinidamente. Junto a figuras que luego serían claves en Nvidia y otras empresas, anticipó que el futuro de la computación requeriría nuevos enfoques, especialmente para la inteligencia artificial.
Esa visión lo llevó a fundar una startup que Google terminó adquiriendo y a participar en los orígenes del TPU, el procesador de IA de Google que hoy compite con Nvidia. Para Shacham, ese es el punto central: el dominio de Nvidia ya no es absoluto.
“Google demostró que se puede abrir un camino alternativo. Ya no es solo una grieta en la hegemonía de Nvidia, sino un canal completo, y nuestra intención es ampliarlo”, afirma.
Aunque reconoce que existe una competencia creciente —incluyendo otras startups israelíes— no ve el escenario como una batalla individual. “No es uno contra otro. Es un grupo de empresas tratando de ofrecer algo mejor frente a gigantes que dominan el mercado”.
Para Shacham, la inteligencia artificial no es una burbuja pasajera, sino una transformación que ocurre una vez por siglo. “No todas las empresas sobrevivirán, pero el mercado será de cientos de miles de millones o incluso trillones de dólares. Vale la pena intentarlo”, concluye.
Fuente: AJN Agencia de Noticias


