Enfoque Judío | El dilema moral de la «elección sin elección»

Desde la Edad Media, los judíos han sido forzados a elegir entre su fe y su vida, el bautismo o el exilio, dos supuestas alternativas que suponían, en el fondo, el desarraigo o la negación de la identidad.

Autora: Jimena García Herrero

Entre todos los horrores desatados en la madrugada del 7 de octubre reapareció el viejo fantasma del dilema moral. A lo largo de los siglos, el pueblo judío ha sido empujado una y otra vez a tomar decisiones que, en realidad, no lo son; falsas disyuntivas en las que cada camino conduce al dolor, a la pérdida, al sufrimiento, a la condena o a la muerte. Son las «elecciones sin elección», trampas repetidas durante siglos, diseñadas para quebrar la dignidad y la existencia de un pueblo.

Desde la Edad Media, los judíos han sido forzados a elegir entre su fe y su vida, el bautismo o el exilio, dos supuestas alternativas que suponían, en el fondo, el desarraigo o la negación de la identidad. Los guetos de Europa ofrecían otra disyuntiva de difícil salida, aceptar el encierro y la humillación o exponerse a la violencia. En tiempos más recientes, la Shoá llevó este drama a su expresión más atroz. Millones de judíos se vieron obligados a decidir entre esconderse, huir o ser deportados, sabiendo que ninguna de esas vías garantizaba la vida. Y en los campos de exterminio, la perversidad alcanzó un punto insoportable cuando madres y padres fueron obligados a escoger qué hijo salvar, qué hijo entregar. Elecciones que en realidad eran la negación misma de la humanidad.


«De la expulsión o conversión forzada se pasó a los sofisticados mecanismos de la Shoá, donde la maquinaria nazi convirtió la apariencia de elegir en un arma psicológica devastadora»


Estos son solo algunos ejemplos, pero la historia muestra cómo, con los siglos, esta trampa cruel se fue afinando. De la expulsión o conversión forzada se pasó a los sofisticados mecanismos de la Shoá, donde la maquinaria nazi convirtió la apariencia de elegir en un arma psicológica devastadora. Kant sostenía que para que un acto sea moralmente obligatorio debe ser posible; en la Shoá, esa posibilidad desapareció por completo. Nada lo ilustra mejor que la escena de La decisión de Sophie, cuando al llegar Sophie Zawistowska de noche a Auschwitz un oficial de las SS le dijo: «Puedes quedarte con uno de tus hijos. El otro debe irse. […] Eso te da un privilegio, una elección«. La crueldad radica precisamente en la inmoralidad de plantear semejante dilema, porque el verdadero vacío moral está en quienes lo imponen.

HoyIsrael se enfrenta a un dilema que vuelve a ser una elección sin elección. Se le exige negociar la vida de los secuestrados aunque ello suponga poner en riesgo la propia existencia del Estado; o continuar la guerra para garantizar su futuro, probablemente a costa de la vida de quienes aún permanecen en cautiverio. Además, la presión internacional añade otra capa de dificultad, porque se le exige terminar la guerra incluso si ello significa permitir que Hamás permanezca en Gaza —con el peligro que esto supone para la seguridad y la existencia misma del Estado— y sin devolución de los secuestrados. Cualquier camino conduce al vértigo del abismo, porque está diseñado para fracturar al pueblo judío.


«No todas las ‘elecciones sin elección’ son idénticas. Algunas, son dilemas de vida o muerte. Otras, como muchas que se dan en la diáspora, erosionan la dignidad, la identidad y la libertad»


También en la diáspora vemos como los judíos viven otras formas del mismo dilema. Mostrar con orgullo su identidad y exponerse al antisemitismo; ocultar su identidad para sobrevivir; en el discurso público, aceptar acusaciones injustas para no ser demonizados o enfrentarse a la hostilidad de quienes ya han dictado sentencia. Incluso enfrentarse a los ataques mordaces internos de ciertos sectores judíos cegados por rencores personales, por el odio político al rival o por razones humanitarias difíciles de comprender en el contexto actual de precipicio en el que se encuentra la comunidad judía mundial.

Conviene subrayar que no todas las «elecciones sin elección» son idénticas. Algunas, como las que afrontaron los padres en la Shoá o las que hoy recaen sobre Israel entre los secuestrados y su propia existencia, son dilemas de vida o muerte, decisiones que desgarran lo humano en lo más profundo. Otras, como muchas de las que se dan en la diáspora, erosionan la dignidad, la identidad y la libertad. Unas son brutales en su inmediatez, otras son más prolongadas y sutiles en sus efectos. Sin embargo, todas pertenecen al mismo patrón histórico.

No es casual que el dilema moral se utilice contra el pueblo judío y contra Israel como arma para quebrarlos. El enemigo conoce su sensibilidad ética, su apego a la vida y a la dignidad humana y por eso coloca las trampas. La crueldad no está solo en el acto mismo, sino en manipular la conciencia de quienes valoran la moralidad y la vida humana para intentar volverla contra ellos.


«Frente a quienes intentan usar la moral judía como un arma contra los judíos, la única respuesta posible es la vida, la unidad y la continuidad.»


Enemigos de Israel, la Historia demuestra que el pueblo judío ha sobrevivido a cada una de estas trampas. Ha persistido en su fe, en su cultura, en su diversidad, en su derecho a tener un Estado y en su derecho a existir manteniendo en pie su moralidad. Porque la elección que nadie pudo quitarles es la decisión de vivir, de seguir creando, de aportar mejoras a la humanidad y de afirmar su dignidad frente a quienes quisieron —y aún quieren— arrebatársela.

Hoy, cuando Israel enfrenta nuevamente la paradoja eterna de la «elección sin elección», la verdadera respuesta no está en la trampa que le tienden, sino en la firmeza de su derecho a existir y en la dignidad de su pueblo. Frente a quienes intentan usar la moral judía como un arma contra los judíos, la única respuesta posible es la vida, la unidad y la continuidad. Que Israel encuentre en su historia, en su fe y en su resiliencia la fuerza para atravesar este tiempo oscuro y salir de él más firme que nunca ▪

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Jimena García Herrero es licenciada en Filología Semítica e investigadora Histórica. Es además miembro de la Asociación Asturiana de Amigos de Israel.

Fuente: https://enfoquejudio.es/el-dilema-moral-de-la-eleccion-sin-eleccion/

Asociación Asturiana de Amigos de Israel
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